Desentrañando la Risa: Dos Circuitos Neuronales y un Eco Ancestral

La risa, un acto aparentemente espontáneo y simple, esconde una complejidad neurológica fascinante. La distinción entre una carcajada genuina y una risa protocolaria ha llevado a la ciencia a postular la existencia de al menos dos redes neuronales, parcialmente independientes, que orquestan este fenómeno.
Una de estas redes se asocia con la risa espontánea y profundamente emocional, mientras que la otra se vincula a la risa voluntaria, a menudo empleada en contextos sociales.
Una Perspectiva Evolutiva de la Risa
Una investigación publicada en la revista Trends in Neurosciences sugiere que coexistimos con una "risa ancestral", intrínsecamente ligada a las emociones y con raíces directas en otros primates. Paralelamente, desarrollamos la "risa humana", una expresión más controlada y socialmente orientada, utilizada para la integración y la cortesía.
Para dilucidar esta dicotomía, los científicos emplearon estimulaciones eléctricas en el cerebro de pacientes mientras estaban despiertos, observando las áreas que se activaban durante el acto de reír. Este enfoque permitió mapear las bases neuronales de las diferentes formas de risa.
Dos Redes Neuronales para Dos Tipos de Risa
Los hallazgos técnicos apuntan a la existencia de dos circuitos cerebrales diferenciados para la risa. La red asociada a la risa espontánea, considerada la más ancestral, se activa ante estímulos como un chiste ingenioso o las cosquillas. Esta respuesta es involuntaria y puramente emocional, involucrando regiones cerebrales primitivas ligadas al sistema de recompensa y las emociones, como el núcleo accumbens.
En contraste, la risa que emitimos de forma voluntaria para facilitar la interacción social y expresar empatía moviliza un circuito distinto. Este no depende primordialmente de las emociones, sino del control motor y cognitivo, funciones que han experimentado un desarrollo evolutivo más pronunciado en nuestra especie.
Implicaciones en Patologías Neurológicas
Esta clara división entre los circuitos de la risa, ya intuida en estudios previos, ayuda a explicar por qué ciertas enfermedades neurológicas pueden afectar selectivamente la capacidad de reír a voluntad, manteniendo indemne la risa espontánea. La localización cerebral distinta de estas redes es la clave para comprender estas disociaciones.
Mientras que la risa voluntaria parece ser una herramienta social sofisticada, perfeccionada por el Homo sapiens para complementar el lenguaje, la risa espontánea constituye un eco directo de nuestro pasado evolutivo.
Un Vínculo con Nuestros Ancestros Primates
La investigación que analiza la acústica y el ritmo de la risa en humanos y grandes simios, publicada en Communications Biology, ha revelado un patrón rítmico compartido. Específicamente, las vocalizaciones de chimpancés y bonobos ante estímulos placenteros, como las cosquillas, exhiben una notable similitud rítmica y temporal con las carcajadas espontáneas humanas, e incluso con la risa de los bebés.
Este descubrimiento subraya una continuidad evolutiva innegable. La risa no surgió de la nada en nuestra especie, sino que se originó a partir de redes neuronales y vocales preexistentes en nuestros ancestros homínidos.
La Evolución de la Vocalización Controlada
A lo largo de cientos de miles de años, a medida que el cerebro humano desarrollaba áreas motoras y cognitivas especializadas para el lenguaje complejo, se produjo una adaptación. Esta "captura" de vocalizaciones emocionales dio lugar a un segundo circuito: una risa controlable, voluntaria y apta para la conversación.
La identificación de un "código de barras" rítmico compartido con los simios, junto con la confirmación de dos vías cerebrales distintas para la risa, no es meramente una curiosidad biológica. Como señala Nature News, comprender la evolución de la risa proporciona una perspectiva directa sobre la evolución del control vocal humano.
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