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La explosión del New Glenn de Blue Origin evoca fantasmas de SpaceX y pone en duda sus plazos

Imagen editorial de una plataforma de lanzamiento de cohetes, limpia y moderna, con luces tenues y un cohete en la distancia, evocando tecnología avanzada y el futuro de la exploración espacial.

La reciente explosión del cohete New Glenn de Blue Origin durante una prueba de encendido estático evoca recuerdos amargos en la industria espacial, particularmente en SpaceX. El incidente, ocurrido el 28 de mayo de 2026, comparte similitudes alarmantes con la destrucción de un Falcon 9 de SpaceX en la plataforma de lanzamiento el 1 de septiembre de 2016, cargado con el satélite AMOS-6.

Estas comparaciones no solo subrayan que los contratiempos catastróficos pueden afectar incluso a las compañías espaciales más adineradas, sino que también plantean serias dudas sobre las proyecciones de Blue Origin. La empresa de Jeff Bezos ha declarado que su cohete New Glenn estará operativo antes de que finalice el presente año, una meta que expertos ven como excesivamente optimista a la luz de los precedentes.

El eco de AMOS-6 en el New Glenn

Hans Koenigsmann, quien fuera vicepresidente de fiabilidad de construcción y vuelo en SpaceX y lideró la investigación tras el incidente de 2016, expresó su inquietud ante el suceso de Blue Origin. "Mi cicatriz del AMOS-6 empezó a picar cuando vi el vídeo de New Glenn", declaró, evidenciando el profundo parecido entre ambos eventos. La experiencia de Koenigsmann en la investigación de la explosión de 2016, que implicó semanas de búsqueda de restos del cohete y de la plataforma en humedales y mediante el uso de drones y robots submarinos, pone de manifiesto la lentitud inherente a estos procesos de recuperación y análisis.

En el caso de SpaceX, la reconstrucción de la plataforma de lanzamiento no pudo comenzar hasta cuatro meses después del incidente. Si bien contaban con una plataforma alternativa en la Base Aérea de Vandenberg, que requirió modificaciones pero estuvo lista en cinco meses, Blue Origin carece de tales recursos. Su única opción es la reconstrucción de la infraestructura dañada.

La compleja ingeniería de las plataformas de lanzamiento

Exingenieros de SpaceX consultados por Ars Technica coinciden en la magnitud del desafío que enfrenta Blue Origin. La reparación de una plataforma de lanzamiento es una tarea sumamente compleja que, en el mejor de los escenarios, podría extenderse por doce meses, y con mayor probabilidad, hasta dieciocho meses. Sin una plataforma operativa, el lanzamiento de cohetes es imposible.

Las plataformas de lanzamiento son estructuras de ingeniería avanzada. Incluyen altas torres de acero, cimientos de hormigón reforzado y sistemas subterráneos para gestionar los gases y llamas de los motores. Además, albergan una intrincada red de tuberías para propelentes, líquidos de refrigeración, gases de purga y sistemas de supresión de incendios.

Trip Harriss, otro exingeniero de SpaceX, señaló la dificultad particular que representa la reparación de este sistema de tuberías. La complejidad logística se agrava al tener que determinar primero las causas exactas del incidente, un proceso que puede ser prolongado.

Implicaciones para el programa Artemis

Koenigsmann ha instado a Blue Origin a mantener una comunicación transparente con la NASA, una petición justificada dada la importancia de la empresa para el futuro de las misiones lunares tripuladas. Tanto SpaceX como Blue Origin son actores clave en el programa Artemis, con la responsabilidad de desarrollar los aterrizadores que llevarán astronautas a la superficie lunar.

La capacidad de Blue Origin para cumplir con sus compromisos, incluido el desarrollo de su módulo de aterrizaje lunar Blue Moon, podría verse seriamente afectada por los retrasos derivados de la reconstrucción de su infraestructura de lanzamiento. La dependencia de la NASA en ambas compañías hace que este incidente sea de especial relevancia para la continuidad de sus ambiciosos planes espaciales.

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