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El "Ojo del Sahara": Un Enigma Geológico Capturado Desde el Espacio

A pesar de nuestra constante mirada hacia las estrellas, nuestro propio planeta continúa revelando maravillas que desafían la comprensión, recordándonos que lo desconocido no siempre reside en la lejanía cósmica. Nuestro planeta nos sigue sorprendiendo con formaciones geológicas y geográficas que, al ser observadas desde una perspectiva elevada, despiertan una profunda curiosidad por su aparente artificialidad.

Un Gigante Geológico en el Corazón del Desierto

En el vasto y árido paisaje del Sáhara, específicamente en Mauritania, se alza una estructura que, desde el suelo, pasa desapercibida, pero que al ganar altitud se revela en toda su magnificencia. Conocida popularmente como el "Ojo del Sahara", su nombre geológico es la Estructura de Richat. Esta formación rocosa, con un diámetro que roza los 50 kilómetros, ha sido una fuente de fascinación para exploradores y astronautas.

Su apariencia es la de un ojo gigante, una serie de anillos concéntricos grabados en la roca, que parece vigilar el cielo. Tal es su distintivo perfil que, según testimonios de astronautas como el francés Thomas Pesquet, prácticamente todos los que han orbitado la Tierra han dedicado tiempo a fotografiarla. Incluso, durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos la utilizaban como un punto de referencia crucial.

Descubrimiento y Observación Orbital

Aunque la Estructura de Richat ha estado siempre presente, su reconocimiento formal y estudio se remonta a las décadas de 1930 y 1940, de la mano del geógrafo francés Jacques Richard-Molard. Fue el astronauta James McDivitt y Ed White, durante la misión Gemini IV en 1965, quienes capturaron las primeras imágenes icónicas de esta maravilla desde el espacio.

Sin embargo, una de las imágenes más impactantes y detalladas fue obtenida el 10 de julio de 2020 por un miembro de la tripulación de la Estación Espacial Internacional (ISS) en el marco de la misión Expedition 63. Utilizando una cámara Nikon D5 con un objetivo de 50 milímetros, la fotografía capturó con una nitidez sorprendente los intrincados detalles de esta formación.

La Genética de una Estructura Cíclica

La Estructura de Richat se distingue por sus anillos concéntricos, que evocan las ondas de una piedra lanzada a un estanque, pero solidificadas en el tiempo geológico. Los distintos tonos ocres, grises azulados, blancos y rojos oxidados que la componen corresponden a capas de roca de diferentes épocas, cada una con su propia historia geológica.

Estas capas rocosas, algunas con hasta 2.500 millones de años de antigüedad, atestiguan períodos en los que la vida en la Tierra se limitaba a bacterias y algas. La estructura en sí se formó hace aproximadamente 100 millones de años, durante el período Cretácico, como el resultado de un proceso geológico lento pero potente.

Un Domo Anticlinal Erosionado

Contrario a lo que inicialmente se especuló, la Estructura de Richat no es el vestigio de un lago seco, ni la cicatriz de un impacto de meteorito. Tampoco tiene su origen en la actividad volcánica. Su formación es el resultado de un lento pero implacable trabajo de fuerzas geológicas internas.

Se trata de un domo anticlinal profundamente erosionado. El levantamiento del terreno, seguido por la acción continuada de la erosión a lo largo de millones de años, ha esculpido los anillos concéntricos que hoy admiramos desde el espacio. El entorno de dunas que la rodea, con formaciones longitudinales y transversales, acentúa su singularidad en el paisaje desértico.

La localidad más cercana, Ouadane, fundada en el siglo XII y cuyo casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, añade un valor histórico y cultural a la región donde se asienta este asombroso fenómeno natural. La Estructura de Richat, desde su observación inicial hasta su documentación orbital, sigue siendo un testimonio fascinante de los procesos geológicos que dan forma a nuestro planeta.

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